sábado, 7 de mayo de 2016

CUSCÚS CON VERDURITAS


¡Lo prometido es deuda! Hace unos meses os prometí aquí publicar la receta de los cuscús que cocino y que a mis hijos les encantan. ¡Es sorprendente para mí como con esta receta tan sencilla se comen las verduras con gusto y hasta las rebuscan! :-) 

Aquí os la dejo: 

INGREDIENTES (para 4 personas):
-1 taza y 1/2 de cuscús
-1 puerro o cebolla (yo uso la lila)
-1 calabacín
-1 zanahoria grande (o dos pequeñas)
-Carne (normalmente uso ternera para fricandó, pero también pechugas fileteadas de pavo o pollo)
-Comino, sal y agua (o caldo de pollo)

PROCEDIMIENTO:
1. Picar todas las verduras a daditos
2. Marcar la carne y retirar

 3. En la misma cazuela, rehogar el puerro y añadir el calabacín y la zanahoria (2 ó 3 minutos aproximadamente)

4. Añadir la carne y cubrir con agua o caldo o mitad y mitad
5. Sazonar con sal y comino

6. Dejar cocer lo más posible para que la carne quede blandita, sobretodo si es de ternera 
7. Al último momento, hacer los cuscús: 
    -Calentar la misma cantidad de agua que de cuscús. 
    -Añadirle sal y un chorrito de aceite
    -Cuando esté caliente, verterla sobre los cuscús, tapar el recipiente y dejar reposar.


    -Cuando hayan absorvido el agua, peinarlos con un tenedor para que queden sueltos.


8. Servir justo en el momento en que se tengan que comer, porque sino los cuscús absorverán el caldito de la carne también.

OTRAS VERSIONES:
-Cuando no tengo cuscús, apaño la receta con arroz blanco ¡y les encanta igual!
-Cuando lo he querido hacer aún más saludable, he sustituido los cuscús por mijo (que tiene una apariencia parecida a los cuscús) y así he eliminado el gluten. 

Mis niños los disfrutan tanto que así quedan los platos...



Pues espero que probéis de hacerlo y ya me contaréis si os ha gustado. ¡Un abrazo!

Noèlia Giner

viernes, 29 de abril de 2016

FE SOBRE LAS AGUAS


Hace poco Cristo me mandó entrar en la barca y empezar a bogar mar adentro. Tenía que hacerlo sola, en medio de la oscuridad de la vida. Él vendría después. 

Ya en medio del mar, retirada de la costa y siendo de noche, el viento empezó a soplar con fuerza. Un viento recio y contrario a mi barca, la cual trataba de avanzar. Las olas también se alzaban intimidándome y amenazándome con que no podría continuar. 

Cristo me había dejado sola. Me había dicho que subiera a la barca y que Él después me iba a alcanzar. ¿Por qué lo había permitido? ¡El sabía cómo era ese mar! Un mar cuyas aguas rápido se agitan, un mar que llega a aterrorizar


Pero lo que yo no sabía es que Él estaba orando en el monte, orando por lo que iba a pasar al otro lado de la orilla, y orando, seguramente, por lo que yo iba a aprender

Yo pensaba que estaba sola, abandonada en mi barca, luchando por avanzar, por atravesar el mar furioso. Creía que moriría, que nunca iba a llegar al otro lado. ¿Dónde estaba Dios en todo esto? 


Estaba orando por mí en la montaña, 
vigilante, 
observando cómo sufría. 

¡Así es! En medio de mi desesperación, Cristo me observaba des del monte. No perdía detalle de lo que me estaba ocurriendo. Lo podía ver todo. Desde las alturas, y a la luz de la luna, podía divisar perfectamente mi barca, podía apreciar claramente toda mi angustia: mi afán, mi dolor, mi pavor, todos mis esfuerzos inútiles, toda la tormenta que había a mi alrededor. 

Y yo gritaba: "¡No puedo! ¡Esto es imposible para mí! ¡Me siento sola en este abismo y el viento sopla contra mí!" Mis fuerzas se estaban agotando, se desvanecía mi esperanza de sobrevivir. 

Pero, de repente aprecié una silueta en medio del vapor de las olas y de la oscuridad de la noche. ¿Qué era eso que se acercaba a mí? ¿Quién parecía estar andando sobre el mar?

¡Era Jesús! para mi sorpresa, que venía andando hacia mí; andando sobre las mismas aguas, caminando sobre el mismo mar. La tormenta no le asustaba, el viento no podía contra Él. Tal era su dominio sobre la naturaleza que adelantó mi barquilla, y desde la distancia oí su voz que decía: "¡Ten ánimo; soy Yo; no tengas miedo hija mía; aquí estoy, a tu lado.

Las lágrimas corrieron por mis mejillas al escucharle hablar. Su sola presencia en ese mar de angustia calmó toda mi ansiedad. ¡Era mi Cristo, el Mesías, el Dueño del mar!
Por un momento estuve tranquila, pero las dudas me invadieron de nuevo, y como Pedro preguntó, también lo hice yo: "¿Eres tú Señor, el que has venido caminando sobre las aguas? ¿De veras que eres Tú Quien está aquí conmigo? ¿Seguro que no es mi imaginación? ¿Es real que has venido a rescatarme? ¡Si es verdad, haz que ande yo también sobre el mar!"


Sin saber muy bien lo que pedía, Cristo me mandó descender de la barca. Si estaba tratando de confiar en Él en medio de esa horrible tormenta, ahora tendría que dar un paso más en mi fe: ¡tendría que caminar sobre las aguas hasta llegar a Él!

Así pues, bajé de la barca y empecé a caminar. Y allí me encuentro ahora mismo, andando sobre ese mar. Trato de clavar mis ojos en Cristo, y mi meta es llegar hasta donde Él está. Pero las aguas siguen encrespadas y el viento no deja de soplar. Y cuando los miro y me fijo en ellos, rápido me hundo en el mar. Me invade de nuevo el miedo y empiezo a gritar: "¡Sálvame, Señor, que perezco, no me dejes morir en el mar!" Y Él "al momento" me salva y sé que no me va soltar. 

¿Dónde estás tú querida amiga? ¿En la barca o ya en el mar, caminando hacia el Maestro, Aquel que te puede salvar? Si estás sola en la barca, recuerda que Él está allí, observándote des del monte, velando por ti. Orando para que tu fe se fortalezca y para que puedas resistir. 
  
Quizás estás como yo, caminando sobre las aguas de un negro y oscuro mar, tratando de no mirar al viento, tratando de no dudar. Recuerda lo que Cristo le pidió a Pedro: ¡solamente fe y nada más! Jesús subiría con él a la barca y cesaría la tempestad. Pronto llegarían a buen puerto y de nuevo verían Su majestad. 


Esta experiencia no dejó indiferentes a los discípulos. Pasaron mucho miedo y afán, pero al final del trayecto pudieron exclamar: "Verdaderamente eres Hijo de Dios", y le pudieron adorar.  Así se será contigo y conmigo, la tormenta cesará. Veremos el mar en calma y no podremos olvidar Su gran poder sobre las olas y Sus palabras llenas de paz: "¡Ten ánimo, hija mía; yo estoy contigo en este mar y tu mano nunca voy a soltar!"

Noèlia Giner 

viernes, 15 de abril de 2016

EL ARTE DE HABLAR CON CIENCIA

Cuando pensamos en la "mujer extraña", aquella que puede tentar a nuestros maridos, ¿qué nos viene a la mente?

¡Seamos sinceras! Automáticamente pensamos en una mujer atractiva, con muchas curvas, vestida con ropa provocativa, con andares sensuales, con un físico exhuberante... una mujer que no escapa a la vista de ningún hombre. 


Sin embargo, Proverbios 5 nos advierte que la tentación del hombre no sólo entrará a través de su vista, ¡sino también de sus oídos!

"Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, 
Y su paladar es más blando que el aceite."
(Pr. 5:3)

Me sorprendió mucho caer en cuenta que la mujer adúltera empieza su "caza"  con las palabras, no con el físico. El capítulo 5 empieza haciendo un llamado a la sabiduría y a la inteligencia. Nos llama a estar atentas, a prestar atención, a escuchar con interés lo que la Sabiduría nos enseña. Esta Sabiduría está encerrada en la Palabra de Dios, así que si la leemos, la oramos y la atesoramos en nuestro corazón nos protegerá de los caminos del pecado (Pr. 2) 

"Serás librado de la mujer extraña, 
De la ajena que halaga con sus palabras," 
(Pr. 2:16)

En el versículo 2 se nos llama a poner en práctica esta sabiduría. ¿Y a qué no adivináis cómo? ¡A través de nuestras palabras! Lo que sale de nuestra boca es fruto de lo que hay en nuestro corazón, por eso primero se nos exhorta a guardar la Palabra de Dios (Su consejo), y luego a hablar controladas completamente por Ella.

"Para que guardes consejo,
Y tus labios conserven la ciencia."
(Pr. 5:2)

El significado de la palabra "ciencia" implica el adquirir una "maestría o habilidad" en alguna área, en este caso la de hablar. Nuestros labios deben hablar con sabiduria y discernimiento, con sensatez y prudencia, con amabilidad y sin maldad. Pero esto no se adquiere de la noche a la mañana. ¡Sino que requiere practicar!

Tenemos el tesoro de la Palabra de Dios en nuestras manos y cada día se nos presenta la oportunidad de estudiarla y meditarla, no solamente leerla. También tenemos al maravilloso Hijo de Dios en nuestros corazones, a Quien podemos orar sinceramente sobre este tema: confesar nuestra debilidad a la hora de hablar y pedirle Su sabiduría para que dirija nuestras palabras. Sin embargo, lo que nos ayudará a adquirir esa "maestría o habilidad" es el poner en práctica una y otra vez las enseñanzas de la sabiduría. Seguro que cometeremos muchos errores al hablar con nuestros esposos, pero si nuestra meta es que nuestros "labios conserven la ciencia", adquiriremos experiencia, adquiriremos sabiduría.

En conclusión, a la hora de proteger nuestros matrimonios es importante atender a la parte física, de hecho al final del mismo capítulo se da un buen recordatorio sobre esto (Pr. 5:15-19). Pero no cometamos el error de descuidar nuestra forma de hablar considerándola un asunto menor.  
La mujer extraña usa palabras dulces como la miel, pegajosas, que atraen; usa palabras blandas como el aceite, que entran fácilmente en la mente y el corazón del hombre, pero encierran un gran engaño y destrucción. Aunque saben a miel al principio, su sabor es amargo como el ajenjo y la Biblia las compara a "la espada de doble filo", una espada apta no sólo para herir sino para matar.
Sin embargo, las mujeres sabias permiten al Espíritu controlar sus corazones y palabras, para que la belleza espiritual de éstas agrade a sus esposos, los acerque más a ellas, contribuya a hacer más fuerte su amistad y amor, les consuele en los momentos difíciles y les anime a amar a Dios con todo su corazón. ¡Seamos nosotras mujeres sabias, mujeres determinadas a dominar el arte de hablar con ciencia a nuestros maridos!
¿En qué área de tu forma de hablar eres más débil? ¿Usas palabras demasiado bruscas con tu marido? ¿Te falta ternura y comprensión al hablar con él? ¡Trae todo esto delante del Señor! ¡Indaga en Su Palabra para extraer de Ella la sabiduría! ¡Y ponte a Su disposición para ser una bendición para tu marido a la hora de hablar con él!

Noèlia Giner

 
 

 

jueves, 7 de abril de 2016

EL PODER DE LOS 10 MINUTOS

¿Me pasa a mí sola que hay semanas que mire por donde mire en mi casa todo está patas arriba? ¿Alguien más se identifica conmigo? 

La cocina llena de platos por fregar, el comedor desordenado con las cosas de todos, las habitaciones por hacer, el baño... ¡sin comentarios!

Esta situación caótica me hace entrar en pánico y no sé por dónde empezar. Hoy os quiero compartir un pequeño truco que me ayuda a salir de este lío... ¡aunque sea un poquito! Es el truco de los 10 minutos.


Como no sé por dónde empezar, y por algún lado hay que hacerlo, siempre empiezo por la cocina (el corazón del hogar). Me anima pensar que lo más difícil en toda tarea es empezar. ¡Así que, si logro pasar esa barrera ya tengo parte de la batalla ganada! Entonces programo 10 minutos en el temporizador del horno (o en uno manual que tengo). Y dedico ese tiempo a recoger la cocina. Casi siempre empiezo por los platos. 


Cuando pasan los 10 minutos y suena la alarma, cambio al comedor y programo otros 10 minutos más. Pasados éstos vuelvo a la cocina y sigo recogiéndola durante otros 10 minutos. De allí me muevo a otra habitación o al baño y hago lo mismo. 


¿Qué consigo con esto? Pues simplemente crear algo de orden y limpieza en cada habitación (¡por si fuera poco!). Si no escogiera usar esta pequeña cantidad de tiempo, me llevaría horas arreglar el caos en la casa. Pero hacerlo así me motiva y me ayuda a ver la luz al final del túnel. 


En la primera tanda de 10 minutos, me centro en recoger las cosas que hayan por el suelo y en las superfícies, y lo llevo a su sitio cuando suena la alarma. En la segunda tanda, si llego a ella :-) me centro en limpiar. Y sino llego, al menos la casa está más o menos recogida. 


Muy a menudo, alterno 10 minutos con la colada (no necesariamente con una habitación): ya sea poner una lavadora, recoger la tendida, doblarla o ponerla en su sitio. Y además, cada 30 minutos, me tomo 10 para descansar (si preveo que voy a estar mucho tiempo de limpieza).


Sé que 10 minutos suenan a muy poco y parece que no sé puede hacer nada con ellos. ¡Pero te aseguro que te sorprenderás si lo pruebas! Cuando leí esta idea, hace muchos años atrás, usaba 15 minutos en lugar de 10. Pero a medida que han aumentado las demandas de la vida, programo el temporizador a 10 minutos y a veces a ¡¡5 minutos!!! 


10 minutos empleados en recoger nuestros hogares siempre serán mejor que ninguno. Y éste es uno de mis lemas favoritos a la hora de hacer cosas, no sólo limpiar la casa: "Algo es mejor que nada". 

Así que, cuando estés frente al caos en tu casa (especialmente si eres mamá de algunos pequeñitos); cuando estés frente a la gran montaña de ropa por lavar o ante el desorden abrumador: ¡No dejes que el mal humor y la ansiedad se apoderen de ti! "Hazlo todo de corazón como para el Señor" (Col. 3:23) aunque sea un poquito, porque...

¡ALGO ES MEJOR QUE NADA!



Noèlia Giner








jueves, 10 de marzo de 2016

¿QUÉ HAGO CUANDO ME CUESTA ORAR?

¿Te ha pasado alguna vez que quieres orar y parece imposible concentrarte? ¡Yo he pasado épocas así! Tratando de entender porqué pasa esto, vienen dos razones a mi mente.

La primera es el estrés y cansancio, que muchas veces me pasan una mala jugada a la hora de concentrarme en la oración o de simplemente de orar. La otra es que, indudablemente... ¡Tenemos una lucha espiritual!



¡Sí! ¡La lucha es real! En períodos donde he necesitado orar más, a menudo he sufrido de una especie de "bloqueo espiritual". Estoy convencida de que Satanás se opone a que nos acerquemos a Dios y tengamos comunión con Él, ¡y más aún en tiempos de dificultades!

Aquí os dejo unos consejitos que os pueden ayudar a orar cuando os sentís "bloqueadas":

1. Orar en voz alta
Creo que ésta es la forma más conocida o más aconsejada para concentrarse en la oración. El escucharte a ti misma hace que sea más difícil distraerte. ¡Claro, que si los niños te oyen "hablar sola" mientras lavas los platos, pueden pensar que algo raro pasa con mamá! :-) Aunque aún así, es una buena oportunidad para hablarles de la oración y de la actitud de... "Orad sin cesar" (1ª Tes. 5:17)

2. Escribir tus oraciones
Ésta es la que más me ayuda a mí. No solamente me ayuda a concentrarme en lo que estoy hablando con Dios, sino que al escribirlo sobre el papel me ayuda a darme cuenta de muchas cosas y a discernir bien las circunstancias que estoy viviendo o los motivos de oración por los que estoy intercediendo. A menudo, el Señor trae versículos a mi mente que puedo anotar y relacionar entre ellos o con las cosas que estoy viviendo.
Cuando ya he acabado de orar, puedo volver a leer todo lo que le he dicho al Señor y animarme de nuevo a seguir adelante. Pero es que también puedo leer estas oraciones mucho tiempo después, cuando vuelvo a pasar por dificultades y la verdad es que recibo nuevo ánimo. 
Otra ventaja es que puedes estar orando sin romper la vida familiar. ¡Cuántas veces mis hijos han estado en el parque jugando o en el comedor y yo sentada orando al Señor con mi libreta en mano! ¡Me encanta orar así!

3. Orar la Biblia
Otra manera que me ayuda a orar es la de usar una pasaje bíblico como guía. En ocasiones, la dificultad no ha sido tanto la falta de concentración, sino la disciplina de orar en sí. El usar un pasaje bíblico me ha ayudado a empezar a orar, y a partir de allí la oración ha fluido y ha sido más fácil pasar tiempo con Dios.


Durante una época 1ª Pedro 5:6-11 fue mi pasaje de oración:

"Señor, me humillo bajo Tu poderosa mano; 
reconozco mi debilidad y Tu omnipotencia, 
y que Tú me exaltarás (levantarás)
cuando sea el tiempo;
Y lo hago echando toda mi ansiedad sobre Ti
(menciono las cosas que me angustian)
porque creo y reconozco que Tú me cuidas.
Ayúdame a estar atenta y vigilante;
porque mi enemigo, el diablo, quiere arruinar mi vida:
quiere destruir mi familia, mi hogar y a mí misma.
Ayúdame a resistirle firme en la fe, 
a creer en Tus promesas y a usarlas 
para protegerme de sus dardos de fuego;
¡Señor, aumenta mi fe! 
Gracias que no estoy sola en esta batalla;
ayuda a mis hermanos alrededor del mundo
a permanecer firmes en la fe también.
Gracias porque esta prueba 
sólo es por un poco de tiempo,
y después que haya pasado,
seré más madura, estaré más arraigada en Ti,
saldré más fortalecida y mi vida será más estable.
A Ti sea la gloria y el imperio
 por los siglos de los siglos. Amén."

3. Cantar himnos y salmos 
Este último recurso para concentrarme en la oración es muy reciente y todavía lo estoy experimentando. Se trata de escoger himnos o salmos que tengan música e irlos cantando a medida que hago cosas (porque la oración no se limita a un tiempo en concreto del día, sino que se extiende a lo largo del día). Mientras canto, oro lo que canto y a la vez me esfuerzo por alabar al Señor. Los salmos son ideales para esto, porque la mayoría son oraciones que David escribió en momentos de dificultad y de alegría. Y esto hace que sea más fácil acercarse a nuestro Dios.

Espero que estos "tips" os sean útiles en vuestro crecimiento espiritual y os animo a seguir orando (aunque sea des del desánimo). Dios conoce lo más íntimo de nuestro corazón y... 

"la oración de los rectos es Su gozo." (Pr. 15:8)


Noèlia Giner



jueves, 25 de febrero de 2016

UNA JOYA PARA DIOS

Hace unas semanas abrí mi facebook y ojeando por encima me topé con esta publicación de http://www.findingjoyinthejourney.net/ que me recordó quién soy ante Dios:

"¡Hey mamá!, ¿Te sientes desgastada hoy? ¿Cansada? ¿La colada amontonada, los niños corriendo salvajemente y parece que en tu cocina ha estallado una bomba? Seguro que te dices a ti misma que no eres lo suficientemente buena; que no eres la mejor. 

¡Pero estás equivocada!

Cuando Dios te mira, ve a Su hija.
Cuando Dios te mira, ve a alguien equipado para llevar a cabo la tarea que tienes entre manos. 
Cuando Dios te mira, ve a Su Hijo quien te ha lavado, y eres más blanca que la nieve."

"Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;" (1ª Pedro 2:9)

Esto me llevó a pensar en mis pendientes turquesa, unos pendientes muy especiales para mí. Fueron un regalo que alguien me hizo en una fiesta de pijamas hace unos años ya y que han servido para recordarme este versículo de arriba. 





Nos juntamos todas las chicas de la familia para pasar una noche genial. Y como no podía ser de otra manera, tuvimos un tiempo para reflexionar en las cosas de Dios. La anfitriona nos regaló un detalle de bisutería a cada una y nos exhortó a no olvidar nunca lo especiales que somos como mujeres para nuestro Dios. Él...

*Nos escogió

*Nos ha hecho sus siervas

*Nos santificó

*Nos adquirió con Su propia sangre

*Nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable

*Nos ha puesto aquí para anunciar el evangelio de salvación

¡Casi cada vez que me pongo estos pendientes, recuerdo esa exhortación a no olvidar que soy especial para Dios! Hoy quiero animarte a ti a recordar lo mismo: 

¡Tú también eres especial para Dios!

Es cierto que muchas veces fallamos y que como madres nos gustaría hacerlo mejor. Es verdad que deseamos amar a Dios con toda nuestra alma, mente y corazón, y pasar tiempo de calidad a solas con Él. Es verdad que quisiéramos tener una casa impoluta y ser la ayuda perfecta para nuestra media naranja. 

Pero lo cierto es que no somos súper-mujeres, somos meras pecadoras rescatadas por Su gracia y hechas nuevas, completamente preparadas para vivir en Sus caminos y cumplir Su voluntad.

La próxima vez que te tires tierra encima y pienses que no vales nada, recuerda que para Dios eres una joya preciosa, una mujer escogida para Su servicio... ¡una hija de Dios! ¡Y vales mucho para Él! Sólo ríndete a Sus pies, deja allí todo lo que te abruma y deja que Él te dé a beber esa misma agua que ofreció a la Samaritana, una mujer verdaderamente imperfecta que fue hecha nueva y útil para Él. (Juan 4:1-42)

Dios te ama, Dios te cuida, Dios te ayuda y Dios te ha dado en Él y en Su Palabra todo lo que necesitas para vivir el día de HOY.  
 ¡Disfrútalo!  

Noèlia Giner 

martes, 9 de febrero de 2016

PLANTANDO SEMILLAS

Has pensado alguna vez que tus hijos creen en tí ciegamente? Sobretodo cuando son pequeños, pero también mientras van creciendo, quizás de forma más sutil. Tus palabras son como semillas en sus mentes y corazones que crecen para bien - o para mal.

Te creen cuado les dices que les amas.

Te creen cuando les dices que Dios les ama.

Te creen cuando explicas que Él creó el universo, que envió a su Hijo para redimir al mundo del pecado, que tiene un plan perfecto para sus vidas.

Todas éstas son semillas cruciales y fundamentales para su vida espiritual.

En cosas menos profundas también te creen, por supuesto.

Te creen cuando les dices que si no se cepillan los dientes tendrán caries,
                  
                      que las vacunas sirven para que no se pongan enfermos,
                                
                                        que la crema solar les protege del sol.

Hace unos meses leí un artículo interesante sobre cómo los niños pequeños procesan de forma inconsciente lo que oyen de sus padres. Tenía un montón de jerga científica, pero venía a decir lo mismo que mi marido y yo observamos en nuestros hijos: que creen (a veces inconscientemente) lo que sus padres les decimos. 

Qué repercusiones puede tener esto? Necesitamos cuidar cómo les hablamos a nuestros hijos.



Si tu hija está subiendo una escalera un tanto difícil en el parque, y gritas "Cuidado!! Te vas a caer! Espera que vengo!!" te creerá. Se sentirá invadida por la inseguridad. (Recuerda, estamos hablando de niños pequeños). Puede que se caiga del susto, puede que no. En todo caso, te cree. Y no se ve capaz. En cambio, si decimos "Vaya, veo que eres muy valiente! Mira bien donde pones los pies y agárrate fuerte" ya es otra historia. Tu hija se siente feliz por tu admiración y capacitada por tu consejo sencillo.

Tu hijo está intentando servirse la leche y vierte un poco encima la mesa. Dices "oh, vaya, qué torpe eres. Anda, deja que lo limpie". Tu hijo te cree. Se siente torpe. Pierde seguridad e independencia no solo para servirse la leche sino en otras áreas del día a día. Y se vuelve torpe. En cambio, si dices tranquilamente "no pasa nada. Aquí está el trapo para limpiarlo", le restas importancia al "accidente" al mismo tiempo que promueves su independencia, le transmites confianza y le enseñas responsabilidad.

Es bueno recordar, también, que tus hijos te están escuchando cuando hablas acerca de ellos a otra persona. A veces lo sabes, pero otras veces no te das cuenta. Te están escuchando y también te creen.

Te encuentras con una amiga de cuando estudiabas en la universidad, y tu hija se esconde tras tuyo. Sonríes con cara de disculpa y dices "es que es muy tímida". Tu hija te cree. Ve que es algo aceptable no mirar a los ojos a una persona y decir un "hola" sencillo. En cambio, no resulta complicado instruirle en casa que cuando se encuentra con algún conocido de Papá o Mamá un simple saludo, contacto visual y una sonrisa es una señal de respeto, tenga el carácter que tenga.

Vas con tu familia a comer a casa de Begoña y Andrés. Os sentáis a comer y hay lasaña de berenjenas. Begoña comenta que también ha hecho arroz con tomate, y tu afirmas "Uy, sí, no creo que le guste la berenjena". Naturalmente tu hijo te cree. Ni la probará. Desarrollará desconfianza hacia platos desconocidos. En cambio, dices "en nuestra familia nos encanta probar platos nuevos. Ya me dirás que te parece, hijo!" Tu hijo aprende que es bueno y respetuoso probar alimentos nuevos. Quizá te sorprenda y le gusta. Puede que no, y entonces pides el arroz con salsa. Pero se establece una costumbre muy sana y aventurera de no rechazar comida por el hecho de ser desconocida.

Seguramente podéis pensar en muchas otras ocasiones en que plantamos semillas en las mentes y los corazones de nuestros hijos, y dependiendo de qué semilla plantamos, crecerá un valor, una actitud, un comportamiento, o una tendencia determinada. Plantemos entonces semillas de confianza, valentía, autonomía y responsabilidad.

Eli Escuain