miércoles, 3 de agosto de 2016

UNA SOLA COSA ES NECESARIA...

"Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; 
que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, 
para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo."
Salmo 27:4

Levantar a los niños de la cama, vestirlos, darles el desayuno, llevarlos a la escuela, poner la lavadora, preparar la comida, hacer las camas; barrer, fregar, recoger a los niños de la escuela y de camino comprar dos o tres cosillas que faltan para hacer la cena de esta noche; darles la comida con paciencia y amor, llevarlos otra vez al colegio, aprovechar la horilla de la tarde para completar lo que queda de la lista. Recoger a los niños por última vez en el día, socializar un rato en el parque y volver a casa para recibir a un esposo cansado de la jornada con una sonrisa en los labios. Preparar la cena, bañar a los niños, leerles una historia y ponerlos a dormir... ¡por fin!

¡"UNA cosa..."! -- dice David, y "sólo UNA cosa es necesaria" -- repitió Jesús a Marta, que como nosotras estaba "afanada y turbada" con MUCHAS cosas. 

Jesús se refería a pasar tiempo a Sus pies aprendiendo de Él, que es "manso y humilde de corazón" para obtener la paz y el descanso que nuestra alma estresada necesita (Mt. 11:29-30).

Es el diario andar con Él el que hace ligera nuestra carga. Sin embargo, la urgencia de las MUCHAS cosas nos hace creer que aquella ÚNICA cosa, que jamás nos será quitada, nos roba tiempo para cumplir con las demás. ¡Qué engaño más grande! ¡Qué mentira más cruel nos hace creer el enemigo! ¿Qué cosa habrá más importante que el pasar tiempo a los pies de Jesús?

Los hijos un día marcharán, la casa ya dejará de ensuciarse tanto y las ocupaciones disminuirán. Pero UNA cosa seguirá igual: la presencia de Dios en nuestra vida. ¿Qué haremos con ella? ¿Invertiremos tiempo en las cosas que un día pasarán (1ª Jn. 5:17)? ¿O buscaremos como David el "estar en la casa de Jehová todos los días" de nuestra vida para conocerle más y más, y adorarle "en espíritu y verdad"?

Noèlia Giner

viernes, 15 de julio de 2016

MI REGALO PARA ELI

Ahora están muy de moda las cosas hechas por uno mismo o "DIY", pero un presupuesto pequeño para hacer un regalo también puede ser una buena motivación para disfrutar de las manualidades y la creatividad en casa :-) ¡Esto me suele pasar muy a menudo a mí! Y así ocurrió el año pasado cuando una de mis mejores amigas, con la que comparto este blog, cumplió años. 


Eli es madre como yo y también enseña a sus hijos en casa. Compartimos muchas "batallitas" en común y me encanta escuchar todos sus buenos consejos sobre los niños y la casa. Me encanta su sinceridad, su espontaneidad y su gran sentido del humor. Y sabía que si le hacía este regalo ella lo recibiría con todo cariño... ¡porque ella es así!

Teniendo esto en mente, empecé a buscar ideas para montar una cesta personalizada y especial para mi buena amiga. ¡Y éste fue el resultado!


Sabiendo que ella es golosa y que a todo el mundo le gusta mis magdalenas caseras, horneé media docena y las puse en una bolsita bonita que combinara con los colores verde y amarillo que había escogido. Evidentemente, las magdalenas se las disfrutaría más con una buena taza de té... ¡aún más cumpliendo años en pleno invierno! Por eso, incluí en la cesta una taza con un par de bolsitas de té, y una de ellas con sabor a "Canadá", en honor a su "otro país" de origen :-)

Al lado de las magdalenas, coloqué un marcador de libro (reciclado de un calendario), por si al tomar el té y comerlas le apetecía leer. ¡Porque quien la conoce sabe que en su casa no faltan libros! Y por supuesto, también le puse una tarjetita hecha a mano para felicitarle el cumpleaños. Simplemente, seleccioné una de las fotografías recortadas que tengo guardadas y la pegué en un papel de color bonito. 

Eli es muy activa y con tres niños a su cargo no para. Así que pensé en algo que la pudiera relajar al final de un día agotador. Por eso, busqué en internet una buena mezcla de sales de baño caseras que pudiera usar para poner sus pies en remojo. Para ellas compré un bote bonito de cristal que armonizara con los colores de la cesta y le puse una etiqueta escrita a mano. Sino recuerdo mal, mezclé sales de magnesio (Epsom Salt), sal marina, bicarbonato, avena y unas gotas de aceite esencial de lavanda... todo cosas que tenía por casa. Pero si queréis las cantidades exactas, mejor haced una búsqueda en Google (hay gran variedad de mezclas).

En otro paquetito coloqué unas cuantas velas de té para que las pudiera encender y hacer el ambiente más relajante todavía. Además de las sales, incluí una muestra de un serum facial que le vendría muy bien. 

Para aliviar todavía más el estrés que causa el ser madre, y teniendo en cuenta su gran sentido del humor, ideé un paquetito de "anti-estrés" inmediato. Se trataba de un gran trozo de papel plástico de burbujas. Con los pies en remojo o tomándose el té con magdalenas, tendría la oportunidad de liarse a reventar burbujas de plástico sin parar, ¡así liberaría todo el estrés y más! ... Jajajaja...

Después de colocar todas las cosas en la cesta, la envolví con un papel bonito de celofán. Y así mi regalo quedó listo para la entrega que, como no podía ser de otra manera, se hizo alrededor de una buena conversación, una taza de té y otra de café :-) (bueno, en realidad fueron más de una...)

Espero que esta idea pueda ser de inspiración para ti, si quieres hacer algún regalo personalizado, diferente e inolvidable. Piensa en la persona a la que vas a regalar y trata de adecuar cada cosa a su personalidad. Te lo pasarás genial creando y para ella será algo muy especial.  

Noèlia Giner

viernes, 27 de mayo de 2016

SEÑOR, SANA MI TIERRA

Salmo 126 

Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion,
Seremos como los que sueñan.  
Entonces nuestra boca se llenará de risa,
Y nuestra lengua de alabanza;
Entonces dirán entre las naciones:
Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. 
Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros;
Estaremos alegres. 
Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová,
Como los arroyos del Neguev. 
Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. 
Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla;
Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.

Seguro que aquellas de vosotras que tuvisteis que dejar vuestro país e ir a otro completamente diferente, podréis entender muy bien a este grupo de judíos que cantaba des del destierro en el Salmo 126. La nostalgia y la añoranza invadían su corazón diariamente y soñaban con el día en que de nuevo volverían a su tierra. 

Pero no sólo extrañaban volver, sino que deseaban ver florecer de nuevo aquella patria que fue destruída, arrasada, desolada... Imaginaban el día en que de nuevo podrían volver a caminar por sus calles y ver a sus niños jugar alegremente en ellas. 


Por años, la tristeza y las lágrimas habían sido sus compañeras. Pero la promesa de la restauración seguía viva en sus corazones. Dios restauraría su tierra y de nuevo podrían disfrutar de ella. 

Sin embargo, no podemos olvidar que Dios los llevó cautivos a esas tierras paganas como castigo a su gran infidelidad. Dios les amaba y les había guiado en todo momento, en toda circunstancia y en cada batalla. Pero Israel le dio la espalda. Prefirió a un rey antes que a Dios. Se entregó a la idolatría y desobedeció abiertamente a su Creador.

Pero aún así, Jehová Dios no les negó Su misericordia y les dio la promesa de sanar su tierra. Un Padre amante, deseoso de compartir Sus bendiciones con Su pueblo. Un Creador bondadoso que no podía desamparar la obra de Sus manos (Salmo 138:8). 

Pero para disfrutar de esa restauración, Israel tenía que volver a Él. Esa transformación no ocurriría de la noche a la mañana.

"Si se humillare mi pueblo, 
sobre el cual mi nombre es invocado, 
y oraren, y buscaren mi rostro, 
y se convirtieren de sus malos caminos; 
entonces yo oiré desde los cielos, 
y perdonaré sus pecados, 
y sanaré su tierra."
2ª Crón. 7:14

Quizás la tristeza también invade hoy tu corazón. Quizás has sufrido un daño irreparable o vives en un dolor que nadie sabe. Quizás añoras aquellos días de bonanza en que todo parecía ir bien. O extrañas poder disfrutar de una familia centrada en el Señor, de unos hijos consagrados a Él... O bien, sueñas con aquel día en que ese ser querido llegará a conocer al Salvador.

¡Deja a un lado tu tristeza y ve donde el Señor! Humíllate en Su presencia y reconce todo aquello que has hecho mal y que te ha llevado a donde ahora mismo estás. Ora como el salmista: 

"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno." (Sal. 139:23-24)  

Cuando hayas identificado tu pecado, confíesalo al Señor y arrepiéntete.Dios no abandonará la obra de Sus manos y cumplirá Su propósito en ti: te oirá, te perdonará y sanará tu tierra. 
Con toda seguridad, este proceso traerá muchas lágrimas a tu vida. Estos judíos de la cautividad lo sabían muy bien. La reconstrucción de su país iba a ser dura y con momentos de mucho desánimo. Por eso, la comparan en su canción al arduo trabajo del sembrador, quien con esfuerzo, y bajo un sol de justicia, rompe la tierra dura, la abona y la prepara para la siembra; luego esparce la buena semilla y recoge la cosecha con alegría (vv.5-6). 

  
¿Qué tierra de tu vida necesita sanidad? Humíllate al Señor, reconoce tu pecado y apártate de él. Dios te oirá desde los cielos, te perdonará y sanará tu tierra. Habrán muchas lágrimas y tristeza, pero cuando recuerdes lo que Dios ha hecho en tu vida y observes Su nueva obra en ti podrás unirte con aquellos judíos y cantar con ellos:

"Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros;
Estaremos alegres." (v.3)

Noèlia Giner 



sábado, 7 de mayo de 2016

CUSCÚS CON VERDURITAS


¡Lo prometido es deuda! Hace unos meses os prometí aquí publicar la receta de los cuscús que cocino y que a mis hijos les encantan. ¡Es sorprendente para mí como con esta receta tan sencilla se comen las verduras con gusto y hasta las rebuscan! :-) 

Aquí os la dejo: 

INGREDIENTES (para 4 personas):
-1 taza y 1/2 de cuscús
-1 puerro o cebolla (yo uso la lila)
-1 calabacín
-1 zanahoria grande (o dos pequeñas)
-Carne (normalmente uso ternera para fricandó, pero también pechugas fileteadas de pavo o pollo)
-Comino, sal y agua (o caldo de pollo)

PROCEDIMIENTO:
1. Picar todas las verduras a daditos
2. Marcar la carne y retirar

 3. En la misma cazuela, rehogar el puerro y añadir el calabacín y la zanahoria (2 ó 3 minutos aproximadamente)

4. Añadir la carne y cubrir con agua o caldo o mitad y mitad
5. Sazonar con sal y comino

6. Dejar cocer lo más posible para que la carne quede blandita, sobretodo si es de ternera 
7. Al último momento, hacer los cuscús: 
    -Calentar la misma cantidad de agua que de cuscús. 
    -Añadirle sal y un chorrito de aceite
    -Cuando esté caliente, verterla sobre los cuscús, tapar el recipiente y dejar reposar.


    -Cuando hayan absorvido el agua, peinarlos con un tenedor para que queden sueltos.


8. Servir justo en el momento en que se tengan que comer, porque sino los cuscús absorverán el caldito de la carne también.

OTRAS VERSIONES:
-Cuando no tengo cuscús, apaño la receta con arroz blanco ¡y les encanta igual!
-Cuando lo he querido hacer aún más saludable, he sustituido los cuscús por mijo (que tiene una apariencia parecida a los cuscús) y así he eliminado el gluten. 

Mis niños los disfrutan tanto que así quedan los platos...



Pues espero que probéis de hacerlo y ya me contaréis si os ha gustado. ¡Un abrazo!

Noèlia Giner

viernes, 29 de abril de 2016

FE SOBRE LAS AGUAS


Hace poco Cristo me mandó entrar en la barca y empezar a bogar mar adentro. Tenía que hacerlo sola, en medio de la oscuridad de la vida. Él vendría después. 

Ya en medio del mar, retirada de la costa y siendo de noche, el viento empezó a soplar con fuerza. Un viento recio y contrario a mi barca, la cual trataba de avanzar. Las olas también se alzaban intimidándome y amenazándome con que no podría continuar. 

Cristo me había dejado sola. Me había dicho que subiera a la barca y que Él después me iba a alcanzar. ¿Por qué lo había permitido? ¡El sabía cómo era ese mar! Un mar cuyas aguas rápido se agitan, un mar que llega a aterrorizar


Pero lo que yo no sabía es que Él estaba orando en el monte, orando por lo que iba a pasar al otro lado de la orilla, y orando, seguramente, por lo que yo iba a aprender

Yo pensaba que estaba sola, abandonada en mi barca, luchando por avanzar, por atravesar el mar furioso. Creía que moriría, que nunca iba a llegar al otro lado. ¿Dónde estaba Dios en todo esto? 


Estaba orando por mí en la montaña, 
vigilante, 
observando cómo sufría. 

¡Así es! En medio de mi desesperación, Cristo me observaba des del monte. No perdía detalle de lo que me estaba ocurriendo. Lo podía ver todo. Desde las alturas, y a la luz de la luna, podía divisar perfectamente mi barca, podía apreciar claramente toda mi angustia: mi afán, mi dolor, mi pavor, todos mis esfuerzos inútiles, toda la tormenta que había a mi alrededor. 

Y yo gritaba: "¡No puedo! ¡Esto es imposible para mí! ¡Me siento sola en este abismo y el viento sopla contra mí!" Mis fuerzas se estaban agotando, se desvanecía mi esperanza de sobrevivir. 

Pero, de repente aprecié una silueta en medio del vapor de las olas y de la oscuridad de la noche. ¿Qué era eso que se acercaba a mí? ¿Quién parecía estar andando sobre el mar?

¡Era Jesús! para mi sorpresa, que venía andando hacia mí; andando sobre las mismas aguas, caminando sobre el mismo mar. La tormenta no le asustaba, el viento no podía contra Él. Tal era su dominio sobre la naturaleza que adelantó mi barquilla, y desde la distancia oí su voz que decía: "¡Ten ánimo; soy Yo; no tengas miedo hija mía; aquí estoy, a tu lado.

Las lágrimas corrieron por mis mejillas al escucharle hablar. Su sola presencia en ese mar de angustia calmó toda mi ansiedad. ¡Era mi Cristo, el Mesías, el Dueño del mar!
Por un momento estuve tranquila, pero las dudas me invadieron de nuevo, y como Pedro preguntó, también lo hice yo: "¿Eres tú Señor, el que has venido caminando sobre las aguas? ¿De veras que eres Tú Quien está aquí conmigo? ¿Seguro que no es mi imaginación? ¿Es real que has venido a rescatarme? ¡Si es verdad, haz que ande yo también sobre el mar!"


Sin saber muy bien lo que pedía, Cristo me mandó descender de la barca. Si estaba tratando de confiar en Él en medio de esa horrible tormenta, ahora tendría que dar un paso más en mi fe: ¡tendría que caminar sobre las aguas hasta llegar a Él!

Así pues, bajé de la barca y empecé a caminar. Y allí me encuentro ahora mismo, andando sobre ese mar. Trato de clavar mis ojos en Cristo, y mi meta es llegar hasta donde Él está. Pero las aguas siguen encrespadas y el viento no deja de soplar. Y cuando los miro y me fijo en ellos, rápido me hundo en el mar. Me invade de nuevo el miedo y empiezo a gritar: "¡Sálvame, Señor, que perezco, no me dejes morir en el mar!" Y Él "al momento" me salva y sé que no me va soltar. 

¿Dónde estás tú querida amiga? ¿En la barca o ya en el mar, caminando hacia el Maestro, Aquel que te puede salvar? Si estás sola en la barca, recuerda que Él está allí, observándote des del monte, velando por ti. Orando para que tu fe se fortalezca y para que puedas resistir. 
  
Quizás estás como yo, caminando sobre las aguas de un negro y oscuro mar, tratando de no mirar al viento, tratando de no dudar. Recuerda lo que Cristo le pidió a Pedro: ¡solamente fe y nada más! Jesús subiría con él a la barca y cesaría la tempestad. Pronto llegarían a buen puerto y de nuevo verían Su majestad. 


Esta experiencia no dejó indiferentes a los discípulos. Pasaron mucho miedo y afán, pero al final del trayecto pudieron exclamar: "Verdaderamente eres Hijo de Dios", y le pudieron adorar.  Así se será contigo y conmigo, la tormenta cesará. Veremos el mar en calma y no podremos olvidar Su gran poder sobre las olas y Sus palabras llenas de paz: "¡Ten ánimo, hija mía; yo estoy contigo en este mar y tu mano nunca voy a soltar!"

Noèlia Giner 

viernes, 15 de abril de 2016

EL ARTE DE HABLAR CON CIENCIA

Cuando pensamos en la "mujer extraña", aquella que puede tentar a nuestros maridos, ¿qué nos viene a la mente?

¡Seamos sinceras! Automáticamente pensamos en una mujer atractiva, con muchas curvas, vestida con ropa provocativa, con andares sensuales, con un físico exhuberante... una mujer que no escapa a la vista de ningún hombre. 


Sin embargo, Proverbios 5 nos advierte que la tentación del hombre no sólo entrará a través de su vista, ¡sino también de sus oídos!

"Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, 
Y su paladar es más blando que el aceite."
(Pr. 5:3)

Me sorprendió mucho caer en cuenta que la mujer adúltera empieza su "caza"  con las palabras, no con el físico. El capítulo 5 empieza haciendo un llamado a la sabiduría y a la inteligencia. Nos llama a estar atentas, a prestar atención, a escuchar con interés lo que la Sabiduría nos enseña. Esta Sabiduría está encerrada en la Palabra de Dios, así que si la leemos, la oramos y la atesoramos en nuestro corazón nos protegerá de los caminos del pecado (Pr. 2) 

"Serás librado de la mujer extraña, 
De la ajena que halaga con sus palabras," 
(Pr. 2:16)

En el versículo 2 se nos llama a poner en práctica esta sabiduría. ¿Y a qué no adivináis cómo? ¡A través de nuestras palabras! Lo que sale de nuestra boca es fruto de lo que hay en nuestro corazón, por eso primero se nos exhorta a guardar la Palabra de Dios (Su consejo), y luego a hablar controladas completamente por Ella.

"Para que guardes consejo,
Y tus labios conserven la ciencia."
(Pr. 5:2)

El significado de la palabra "ciencia" implica el adquirir una "maestría o habilidad" en alguna área, en este caso la de hablar. Nuestros labios deben hablar con sabiduria y discernimiento, con sensatez y prudencia, con amabilidad y sin maldad. Pero esto no se adquiere de la noche a la mañana. ¡Sino que requiere practicar!

Tenemos el tesoro de la Palabra de Dios en nuestras manos y cada día se nos presenta la oportunidad de estudiarla y meditarla, no solamente leerla. También tenemos al maravilloso Hijo de Dios en nuestros corazones, a Quien podemos orar sinceramente sobre este tema: confesar nuestra debilidad a la hora de hablar y pedirle Su sabiduría para que dirija nuestras palabras. Sin embargo, lo que nos ayudará a adquirir esa "maestría o habilidad" es el poner en práctica una y otra vez las enseñanzas de la sabiduría. Seguro que cometeremos muchos errores al hablar con nuestros esposos, pero si nuestra meta es que nuestros "labios conserven la ciencia", adquiriremos experiencia, adquiriremos sabiduría.

En conclusión, a la hora de proteger nuestros matrimonios es importante atender a la parte física, de hecho al final del mismo capítulo se da un buen recordatorio sobre esto (Pr. 5:15-19). Pero no cometamos el error de descuidar nuestra forma de hablar considerándola un asunto menor.  
La mujer extraña usa palabras dulces como la miel, pegajosas, que atraen; usa palabras blandas como el aceite, que entran fácilmente en la mente y el corazón del hombre, pero encierran un gran engaño y destrucción. Aunque saben a miel al principio, su sabor es amargo como el ajenjo y la Biblia las compara a "la espada de doble filo", una espada apta no sólo para herir sino para matar.
Sin embargo, las mujeres sabias permiten al Espíritu controlar sus corazones y palabras, para que la belleza espiritual de éstas agrade a sus esposos, los acerque más a ellas, contribuya a hacer más fuerte su amistad y amor, les consuele en los momentos difíciles y les anime a amar a Dios con todo su corazón. ¡Seamos nosotras mujeres sabias, mujeres determinadas a dominar el arte de hablar con ciencia a nuestros maridos!
¿En qué área de tu forma de hablar eres más débil? ¿Usas palabras demasiado bruscas con tu marido? ¿Te falta ternura y comprensión al hablar con él? ¡Trae todo esto delante del Señor! ¡Indaga en Su Palabra para extraer de Ella la sabiduría! ¡Y ponte a Su disposición para ser una bendición para tu marido a la hora de hablar con él!

Noèlia Giner

 
 

 

jueves, 7 de abril de 2016

EL PODER DE LOS 10 MINUTOS

¿Me pasa a mí sola que hay semanas que mire por donde mire en mi casa todo está patas arriba? ¿Alguien más se identifica conmigo? 

La cocina llena de platos por fregar, el comedor desordenado con las cosas de todos, las habitaciones por hacer, el baño... ¡sin comentarios!

Esta situación caótica me hace entrar en pánico y no sé por dónde empezar. Hoy os quiero compartir un pequeño truco que me ayuda a salir de este lío... ¡aunque sea un poquito! Es el truco de los 10 minutos.


Como no sé por dónde empezar, y por algún lado hay que hacerlo, siempre empiezo por la cocina (el corazón del hogar). Me anima pensar que lo más difícil en toda tarea es empezar. ¡Así que, si logro pasar esa barrera ya tengo parte de la batalla ganada! Entonces programo 10 minutos en el temporizador del horno (o en uno manual que tengo). Y dedico ese tiempo a recoger la cocina. Casi siempre empiezo por los platos. 


Cuando pasan los 10 minutos y suena la alarma, cambio al comedor y programo otros 10 minutos más. Pasados éstos vuelvo a la cocina y sigo recogiéndola durante otros 10 minutos. De allí me muevo a otra habitación o al baño y hago lo mismo. 


¿Qué consigo con esto? Pues simplemente crear algo de orden y limpieza en cada habitación (¡por si fuera poco!). Si no escogiera usar esta pequeña cantidad de tiempo, me llevaría horas arreglar el caos en la casa. Pero hacerlo así me motiva y me ayuda a ver la luz al final del túnel. 


En la primera tanda de 10 minutos, me centro en recoger las cosas que hayan por el suelo y en las superfícies, y lo llevo a su sitio cuando suena la alarma. En la segunda tanda, si llego a ella :-) me centro en limpiar. Y sino llego, al menos la casa está más o menos recogida. 


Muy a menudo, alterno 10 minutos con la colada (no necesariamente con una habitación): ya sea poner una lavadora, recoger la tendida, doblarla o ponerla en su sitio. Y además, cada 30 minutos, me tomo 10 para descansar (si preveo que voy a estar mucho tiempo de limpieza).


Sé que 10 minutos suenan a muy poco y parece que no sé puede hacer nada con ellos. ¡Pero te aseguro que te sorprenderás si lo pruebas! Cuando leí esta idea, hace muchos años atrás, usaba 15 minutos en lugar de 10. Pero a medida que han aumentado las demandas de la vida, programo el temporizador a 10 minutos y a veces a ¡¡5 minutos!!! 


10 minutos empleados en recoger nuestros hogares siempre serán mejor que ninguno. Y éste es uno de mis lemas favoritos a la hora de hacer cosas, no sólo limpiar la casa: "Algo es mejor que nada". 

Así que, cuando estés frente al caos en tu casa (especialmente si eres mamá de algunos pequeñitos); cuando estés frente a la gran montaña de ropa por lavar o ante el desorden abrumador: ¡No dejes que el mal humor y la ansiedad se apoderen de ti! "Hazlo todo de corazón como para el Señor" (Col. 3:23) aunque sea un poquito, porque...

¡ALGO ES MEJOR QUE NADA!



Noèlia Giner